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¿Cómo encontré a Pacasmayo?

Muy recuperado. Regresamos después de dos años y visitamos varias otras ciudades del litoral peruano. El aspecto en general ha mejorado bastante, la ciudad se ve limpia, ordenada, alegre y su gente siempre amable. En ocasiones anteriores habíamos notado que la cara de Pacasmayo se iba deteriorando, empezando a verse gris, sucia y triste como Lima, pero esta vez había recuperado su brillo y ornato. En comparación, Trujillo nos pareció más sucio y feo que cuando lo dejamos, y Chepén parece estancado en el tiempo… y el polvo.


El malecón y el turismo, que van de la mano, siguen en auge debido al precioso clima, en el que nos paseábamos en shorts y manga corta bajo un brillante y cálido sol en pleno invierno; y  también ayudado por la maratón internacional que sucedió mientras estuvimos allí, la cual, escucho, tuvo el éxito acostumbrado.

La Casa de la Cultura y todas sus características extensiones a la comunidad en todas las fases del arte y la cultura nos destacan como una ciudad que se enorgullece de su auto-fortalecimiento cultural y de identidad pacasmayina.

Actividades como la premiere de una película filmada en Pacasmayo, estrenada en el malecón, al aire libre, abierta para todos, te obligan a amar este montón de gente que se hace llamar “pata saladas”. ¿Y la película? Ni qué decir, Gustavo Saavedra, de raíces huamachuquinas, nos embelezó con esa historia jugosa, interesante, bonita, aunque por ratos triste, a veces incómoda, pero siempre tan honesta y natural… muy bella.  “El abuelo” es una película que no sólo será amada por los pacasmayinos, sino que tiene mucho valor como drama social y representativo de nuestra cultura.

Nuestro hospital, aunque sin mucha capacidad y equipamiento, estaba bastante más limpio que el Lazarte de Trujillo. Esperemos que nuestro nuevo hospital, que parece que “sí va”, siga el mismo ejemplo, y aún lo supere.

Claro, no todo es color de rosa, el agua todavía llega cuando se le da la gana y en cantidades insuficientes, por supuesto que aunque muchas familias aminoran el sufrimiento usando un sistema de cisterna, bomba y tanque elevado, lo cierto es que el agua debería ser un derecho al que todo ciudadano tenga acceso a todas horas, aunque no tenga los medios para instalar su propio reservorio familiar.

Al llegar, y al suspiro de despedida, uno no puede evitar decir ¡Qué bonito es Pacasmayo! (sí, como lo dijo “el abuelo”).

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