El suboficial técnico de segunda Max Mondragón, de 30 años, fue asesinado en la carretera de Guadalupe, Pacasmayo. El policía salió de la casa de su pareja con rumbo a Chiclayo en su motocicleta cuando desconocidos lo interceptaron y le dispararon en la cabeza.

Un testigo que pasó por el lugar creyó que se trataba de un accidente. Al acercarse y quitarle el casco, descubrió la herida de bala que le causó la muerte inmediata. Horas más tarde, su motocicleta apareció abandonada en un caserío cercano.

Mondragón ingresó a la Policía Nacional del Perú en 2019. Se especializó en intervención de emergencias y operaciones antimotines. Además, realizaba trabajo social con niños, dirigía talleres de verano y servía como voluntario salvavidas en las playas locales.

Sus familiares y compañeros lo describen como un hombre alegre, deportista y profundamente comprometido con su labor. Nunca mencionó amenazas ni tenía enemigos conocidos, según relatan sus seres queridos.

Las primeras versiones policiales señalan que el móvil habría sido un asalto para robarle la motocicleta y sus pertenencias. Sin embargo, la familia rechaza esta hipótesis y exige que se investiguen todas las posibles motivaciones del crimen.

El asesinato ha causado profunda conmoción entre familiares, colegas y la comunidad. El caso deja abiertas varias interrogantes sobre las verdaderas razones del ataque. Los deudos piden a las autoridades no descartar ninguna línea de investigación y realizar un trabajo exhaustivo.

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