La cafeína juega un papel clave en la migraña, según explica Roberto Belvís, coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología. Esta sustancia actúa como adictiva en el cerebro, de forma similar a la feniletilamina del chocolate o la tiramina de los alimentos curados. Las personas con migraña tienen baja tolerancia a los cambios bruscos.

Un consumo diario y constante de cafeína no suele provocar migraña. Sin embargo, cualquier variación repentina, ya sea un aumento o una disminución, puede desencadenar un ataque. Los pacientes son especialmente sensibles a las modificaciones en su rutina diaria y a las sustancias químicas presentes en los alimentos.

Curiosamente, tomar cafeína al inicio de un ataque puede ayudar a detenerlo. Esto se debe a que la cafeína tiene efecto analgésico y acelera la absorción de los medicamentos. Por esta razón, muchos tratamientos contra la migraña incluyen cafeína en su fórmula.

La reducción de cafeína durante los fines de semana es la principal causa de la llamada “migraña de fin de semana”. Al bajar el consumo, el organismo experimenta un síndrome de abstinencia que genera el dolor. Esta molestia desaparece al reanudar la rutina habitual el lunes.

Los expertos recomiendan mantener siempre una cantidad constante de cafeína. Si se desea modificar el consumo, debe hacerse de forma progresiva para evitar crisis. Además, es importante evitar la “anarquía alimentaria”, respetar horarios regulares de comidas y mantener una buena hidratación.

Mantener hábitos estables y realizar cambios de manera gradual son las mejores medidas preventivas. De esta forma, las personas con migraña pueden reducir significativamente la frecuencia de sus ataques y mejorar su calidad de vida.

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