La justicia en China está estableciendo límites legales al despido de trabajadores sustituidos por inteligencia artificial. Recientemente, un tribunal en Hangzhou falló a favor de Zhou, un supervisor de control de calidad que fue despedido tras rechazar una degradación de cargo y una reducción en su salario anual de 43 mil dólares.

La empresa justificó el despido alegando cambios tecnológicos y una reestructuración organizativa. Sin embargo, los jueces determinaron que la compañía no probó dificultades económicas ni la imposibilidad legal de mantener el vínculo laboral. Esto demuestra que la automatización no justifica automáticamente la eliminación de puestos de trabajo sin el debido proceso.

Este caso sigue la línea de un tribunal en Pekín que favoreció a un trabajador de cartografía digital. En aquella ocasión, el juez definió la adopción de la IA como una decisión comercial y no como un evento imprevisible. Así, la justicia sostiene que las empresas no pueden trasladar sus riesgos a los empleados.

Este contexto ocurre mientras China compite con Estados Unidos por dominar sectores tecnológicos estratégicos. Simultáneamente, el país enfrenta una desaceleración económica y un creciente desempleo juvenil. Sectores como la programación, el diseño y el periodismo ya experimentan una automatización parcial destinada principalmente a reducir los costos operativos globales.

Estos fallos establecen precedentes internacionales sobre los límites éticos de la tecnología. Se consolida una línea judicial donde la innovación no es excusa para eliminar trabajadores sin protección legal. Ahora, el debate global se desplaza de la productividad hacia la estabilidad social y la defensa de los derechos laborales.

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