El Fenómeno de El Niño Costero podría alcanzar una magnitud extraordinaria y prolongarse hasta enero de 2027, según el pronóstico del ENFEN y Senamhi. Este escenario genera condiciones climáticas muy diferentes según la región del país.

Entre octubre y diciembre se esperan lluvias por encima de lo normal en la costa norte, la costa central y el noroccidente andino. Los ríos Tumbes, Chira, Piura y Jequetepeque podrían registrar crecidas repentinas que aumenten el riesgo de inundaciones.

En la costa norte, el calor elevará la demanda de agua para los cultivos. Además, existe mayor probabilidad de enfermedades diarreicas, dengue, chikungunya y leptospirosis. Las familias deben revisar techos, limpiar canaletas, sellar grietas y preparar rutas de evacuación.

En la sierra suroriental y la Amazonía se prevé un importante déficit hídrico. En Puno, las lluvias podrían reducirse hasta en un 50 % entre enero y marzo de 2027. Esto afecta pastos, ganadería y cultivos, por lo que se recomienda priorizar la siembra de quinua y cañihua.

Durante la primera semana de octubre se registraron incendios forestales en Cusco, Puno, Arequipa y Ayacucho que dejaron cinco personas fallecidas. La falta de lluvias favorece este tipo de emergencias tanto en la sierra como en la selva. No se debe intentar apagarlos sin capacitación ni equipo adecuado.

En la Amazonía, la menor disponibilidad de agua dificulta el transporte fluvial, tal como ocurrió en eventos similares de 2023 y 2024. Las autoridades y familias deben prepararse con anticipación para reducir los impactos.

Las medidas sanitarias incluyen consumir agua hervida, evitar acumular agua estancada y proteger especialmente a niños y adultos mayores. En caso de emergencia, se recomienda dejar mensajes de voz en la línea 911.

El fenómeno presenta riesgos distintos por zona: inundaciones e incremento de enfermedades en la costa, sequía y afectación a la ganadería en la sierra, e incendios y problemas de navegación en la selva. La preparación temprana de las familias es fundamental.

La prevención debe combinar acciones individuales con políticas de Estado sostenidas. Se necesitan mejoras permanentes en infraestructura, drenaje, monitoreo y sistemas de alerta. Solo así se podrá reducir daños y salvar vidas de manera efectiva ante este tipo de eventos climáticos.

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