La madrugada del domingo 7, oleajes anómalos con crestas de hasta 3,3 metros azotaron el Malecón Grau de Pacasmayo. La fuerza del mar derrumbó tramos enteros de la emblemática estructura. Esta joya turística de La Libertad, cuna de la famosa ola izquierda que atrae a surfistas de élite mundial, quedó gravemente afectada.
Al día siguiente, lunes 8, la intensidad disminuyó con picos de 2,7 metros. Sin embargo, el malecón ya mostraba su realidad: concreto erosionado, fierro oxidado y estructuras debilitadas por años de abandono. El mar no destruyó una obra sólida, sino que terminó de derribar una infraestructura olvidada.
Desde las 7:30 a. m. del martes, decenas de ciudadanos se organizaron en una jornada masiva de limpieza. Liderados por la asociación de comerciantes, artesanos y heladeros, retiraron escombros y dejaron el malecón transitable nuevamente. Su solidaridad contrastó con la mínima respuesta municipal, que solo envió algunos obreros de áreas verdes.
Tras la limpieza, quedó al descubierto el avanzado deterioro estructural que las autoridades ignoraron durante años. El proyecto de remodelación urbana nunca recibió prioridad, y no existía ningún plan de contingencia ante eventos naturales previsibles. Pacasmayo, patrimonio mundial del surf, pagó caro esta negligencia.
A pesar de todo, la sociedad civil demostró una vez más su resiliencia y coraje. Gracias al esfuerzo conjunto de sus habitantes, el malecón volvió a ser transitable de forma provisional. Sin embargo, los pronósticos advierten de un nuevo aumento del oleaje en los próximos días.
Ante la evidente incompetencia local, surge un clamor urgente. Se exige la intervención inmediata del Gobierno Central para supervisar, financiar la reconstrucción del malecón y establecer planes de prevención reales. Pacasmayo se mantiene en pie solo por la fuerza y solidaridad de su gente.
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