La Alameda 28 de Julio, que primero se llamó calle de La Estación, luego calle 26 de Mayo, y luego avenida 28 de Julio, surge en el tiempo acompañando el cauce natural de una vertiente del rio Jequetepeque que lo traza, al cruzar Pacasmayo en búsqueda del mar y en su historia y en su recorrido de 370 m. la ciudad ha visto reflejada las actividades de sus albores, el vaivén de los hombres de mar y el trajinar hacia la antigua estación del ferrocarril.

Está compuesta de tres vías, dos de ellas vehiculares a los extremos y una peatonal que bajo sus losas de cemento corre una acequia que antiguamente estaba expuesta, a los márgenes resaltan el resplandor de 230 ficus frondosos que se entrelazan entre sí, con bancas de descanso, iluminación, señalética turística e infografía histórica, convierten al lugar en una bella alameda verde que acompaña a la antigua estación del ferrocarril, al paseo de la paz, el parque Benjamín Kauffman, al mar y su malecón.

Antiguamente, para salvar el paso de la acequia a la estación del ferrocarril, los transeúntes hacían uso de unas rampas de madera y hierro. Cuenta una leyenda que una pata y sus patitos se les aparecían a algunas personas que transitaban de noche por la zona, y que desaparecían en las aguas de la acequia cuando alguien las quería capturar. Se dice que esa pata era la “madre” de la acequia.

 

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