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Mollep, el brujo de Pacasmayo

María Rostworowski

En Talambo, un pueblito de la costa, vivía el brujo Mollep, al que todos llamaban El Piojoso.

Su aspecto era feroz ya que tenía unos colmillos enormes que asustaban a la gente. Pero en lugar de tenerle, el pueblo vivía feliz con la presencia de Mollep, ya que según cuenta la leyenda su cuerpo recubierto de piojos daba origen a la riqueza del valle.

Envuelto en una manta cuajada de miles de piojos, Mollep andaba murmurando:
– Tengo frío, tengo frío.

Los insectos provocaban muecas de asco y rechazo en la gente, pero él los protegía diciendo:
– Son mis hijos, no los toquen.

Aunque se apartaban de Mollep, las gentes de Talambo no le tenían miedo porque creían que sus piojos les traían suerte. Es más, decían que si los insectos se multiplicaban significaba que sus cosechas serían buenas y tendrían abundante comida.

Por ello el señor de Talambo protegía a Mollep y le hacía llegar regalos, abundante chicha y ricos manjares.

Mollep vivía así tranquilo y feliz en el cerro Coslechec, en el valle de Pacasmayo.

Sin embargo, muy pronto su fama llegó a otras comarcas y la gente empezó a comentar maravillada la riqueza que Mollep fomentaba. Pronto un valle vecino se conocieron también las noticias de Talambo y la causa de su bienestar.

Envidioso, Fallempisan el Señor de Lambayeque, envió una embajada a Mollep pidiendo que le hiciera una visita y ofreciendo regalarle ricas y abrigadas mantas de lana de vicuña. Pero Mollep movía la cabeza y se negaba a abandonar su casita.
– ¿Para qué moverme de aquí? Mis hijitos, mis piojitos están contentos, díganle al Señor de Lambayeque que no iré a su pueblo.

Al conocer la respuesta, Fallempisan montó en cólera y decidió raptar al insolente piojoso que había desdeñado su invitación.
– Tengo que apresar a Mollep, el Piojoso, así mi pueblo y yo seremos ricos – se dijo el Señor.

Secretamente Fallempisan preparó un poderoso ejército y, de noche, en sigilosa marcha, atravesó el desierto y llegó a la cercanía de Pacasmayo. Esperó que llegará una noche muy oscura, sin luna, y rodeó la casita de Mollep.

Entonces sus soldados presurosos lo prendieron, cuidando de no espantar a los piojos. Fallempisan no hizo caso de las protestas de Mollep y en vano fueron sus ruegos para que lo dejasen en Coslechec. Metido en una hamaca cerrada, y rodeado de soldados, Mollep fue conducido a Lambayeque.

Ahí viviría Mollep, el Piojoso, por el resto de sus días, rodeado de lujo y abundancia, aunque añorando su casita en la punta del cerro de Talambo. Desde entonces en Lambayeque reinó abundancia y la gente se sintió feliz, mientras en Pacasmayo el pueblo llora la ausencia de Mollep, y mantiene la esperanza de rescatarlo algún día.

Ficha Técnica Antiguamente, se les daba diversos significados a los piojos; en este cuento otorgan riqueza y abundancia. Por otra parte, el acto de despiojar era señal de una relación amistosa entre dos personas. Lambayeque en tiempos prehispánicos fue sede de un poderoso y rico señorío que se confirma y descubre por los restos arqueológicos de Sican, que fue un centro importante muy superior a Sipán.
Esta leyenda proviene de Pacasmayo, actual provincia del departamento de la Libertad, adaptada de la Crónica de Fray Antonio Calancha.

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